lunes, 22 de junio de 2015

Diaconado Permanente

Antes quiero dedicar y saludar a Diac. Elio Alvarenga y a Diac. Carlos Echeverria que recibió esta gracia de vivir la doble sacramentalidad Matrimonio y el sagrado Orden al cual recuerdo con alegria cuando trabaje con el P. Tony Salinas en Santa Lucia, ahora quiero hablar un poco desde la Palabra y desde mi pequeña visión de este gran don de Dios.

En el Nuevo Testamento

En primer lugar hacemos notar la diferencia que había entre los sacerdotes y levitas del Antiguo y del Nuevo Testamento.  Mientras en la antigua ley debían respetar la continencia sólo durante el ejercicio de su ministerio en el templo, los sacerdotes y ministros de la nueva ley, provenientes del pueblo santo de los cristianos, estaban permanentemente dedicados a este servicio. Pero el Nuevo Testamento no prohíbe el acceso de casados a las órdenes.
San Pablo se refirió con claridad a la condición matrimonial de los diáconos:

“Los diáconos deben ser hombres casados una vez solamente; hombres que Sepan dirigir a sus hijos y su propia casa 1 Tim 3,12.

Pero dado el contexto, en el versículo anterior pareciera haberse dirigido también a sus esposas para advertirles el comportamiento que debían asumir

“del  mismo  modo  las  mujeres  sean  estables,  no  chismosas,  sino  serias  y cumplidoras 1 Tim 3,11.

jueves, 4 de junio de 2015

Laudato Sii




“Laudato sii” (Alabado seas) podría ser el título de la próxima encíclica del papa Francisco dedicada a la protección de la creación, que se publicaría a mediados del mes de junio el papa ha dicho “Para mí [Francisco de Asís] es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre”


Alabanza: A veces puede surgimos la duda de que es poco realista alabar a Dios mientras la gente sufre, es pobre, no tiene trabajo; mientras en el mundo haya violencias y guerras. Tenemos miedo de que, en cierto sentido, esta alabanza a Dios sea como ponernos una venda en los ojos. Sin embargo, creo que tenemos que tener más valor. Si empezamos a mirar el mundo con los ojos de Dios, y por tanto a alabarlo por el bien que hace, tendremos más capacidad para distinguir el bien del mal y penetrar en los sufrimientos de la humanidad. El sentido de la alabanza a Dios es el primer realismo: es la contemplación del mundo como lugar de bondad, misericordia, amor de Dios, amor de Cristo por el hombre, el pobre, el enfermo, el que sufre, por mí, por nosotros, por esta Iglesia. Por tanto, tenemos que aprender a buscar en nuestra propia experiencia personal los motivos reales de la alabanza a Dios. ¡Y la verdad es que son muchísimos! A veces resulta que los dones del Señor nos parecen obvios y no nos sorprendemos de ellos: el hecho, por ejemplo, de estar aquí juntos, de no haber perdido la fe, de haber perseverado en la vocación, son todos unos dones inmensos. En nuestra jornada y en nuestra vida deberíamos acostumbrarnos a buscar las distintas circunstancias, de manera que todo se pueda transformar en motivo de alabanza. María, en el magníficat, canta una alabanza Inmensa que abarca el universo. Podríamos decir: pero, en el fondo, ¿qué ha visto María? Durante unos minutos ha contemplado un ángel que ni siquiera sabemos bien cómo se le ha aparecido. Ha oído una palabra amable de Isabel, y ya está. Son dos pequeños acontecimientos en los que ha leído, pasando por el conocimiento de Dios, un proyecto universal. Esto significa que para alabar a Dios no hace falta mucho: basta con saber interpretar un acontecimiento en el que Dios se manifiesta, para que desde él podamos remontarnos al Omnipotente, al Dios cuyo nombre «es Santo», y su misericordia «llega a sus fieles de generación en generación». Desde el punto de vista psicológico, es suficiente concentrarse en una pequeña circunstancia para deducir todas las demás.









Wilson Velásquez

miércoles, 18 de febrero de 2015

Miércoles de Ceniza encuentro con la Palabra


MEDITATIO
La liturgia de la Palabra de hoy nos lleva de la mano por el camino de la verdadera alegría, viniendo a buscarnos en los callejones sin salida donde nos metemos y donde no podemos avanzar. Penitencia y arrepentí miento no son sinónimos de abatimiento, tristeza o frustración; por el contrario, constituyen una modalidad de apertura a la luz que puede disipar las oscuridades interiores, hacernos conscientes de nosotros mismos en la verdad y hacernos gustar la experiencia de la misericordia de Dios. Él siempre ve y conoce nuestras mezquindades y suciedades interiores y, sin embargo, ¡qué diferente es su juicio del nuestro!
"En tu luz veremos la luz" (Sal 35,10b): admirados notamos que desde el momento en que nos ponemos en camino, él nos envuelve con un amor más grande, nos despoja de nuestro mal y nos reviste de una inocencia nueva.  

El Señor había asignado al profeta la misión de convocar al pueblo para suscitar nueva esperanza a través de un camino penitencial; a los apóstoles les confía el ministerio de la reconciliación; a la Iglesia hoy, le encarga proclamar que ¡ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación! Volvamos al camino del Señor con todo su pueblo, dejémonos reconciliar con Dios permitiendo a Cristo que asuma nuestro pecado: sólo él puede conocerlo y expiarlo plenamente. Renovados por el amor aprenderemos a vivir bajo la mirada del Padre, contentos de poder cumplir humildemente lo que le agrada y ayuda a nuestros hermanos. Su presencia en el secreto de nuestro corazón será la verdadera alegría, la única recompensa esperada y ya desde ahora pregustada.

ORATIO
Padre mío, tú que ves en lo escondido, sabes cómo rehuyó de lo escondido del corazón y cómo busco la admiración de los hombres, pobre recompensa al orgullo de mi "yo" que recita su papel en la comedia de la piedad humana.
Muy distinto, mucho más desconcertante, es el misterio de tu piedad, pero cómo lo ignoro todavía, vagando lejos... Hazme volver, te suplico, a la hondura de mí ser donde tú moras: en la luz nueva del arrepentimiento exultaré de gozo en tu presencia.
Padre nuestro, que estás en los cielos, tú conoces el mal del mundo y cómo yo lo aumento cada día. Ayúdame hoy a acoger el día de salvación; concédeme ahora el mirar a tu Hijo, tratado como pecador por nosotros, crucificado por nosotros, por mí. Reconciliado por el Amor infinito, viviré en el humilde amor que no busca otra recompensa fuera de ti.
V: Jesús, manso y humilde de corazón,
R: haz nuestro corazón semejante al Tuyo.

CONTEMPLATIO
Conviértete y vuelve al temor de tu Dios: ayuna, ora, llora, invoca con insistencia [...]. Vuelve, alma, al Señor con la penitencia que te acerca a él, que es bueno [...].  Busca el amor de los pobres, porque para Dios es mejor que ofrecerle un sacrificio; aleja la molicie de tu cuerpo y, por el contrario, da satisfacción al alma; purifica tus manchas para conocer la dulzura del Señor, y su luz descenderá sobre ti y te librarás de las tentaciones del enemigo, porque el Señor ha prometido acoger a los que recurren a él concediéndoles su misericordia.
Presta mucha atención: abandona las reuniones mundanas, el comer y beber en demasía, para no perder lo que el Señor ha prometido a los buenos y justos. Así, alma, construirás tu habitación con obras buenas, y tu lámpara lucirá en los cielos con el aceite de su misericordia. Acércate a su perdón y misericordia, y él hará resplandecer sobre ti su Espíritu. Lava con lágrimas tus pecados y descenderá sobre ti la bondad (Giovanni Mosco, Sentenze dei padri, "Paterikon" 196, en Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium, Lovaina).

ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra:
"Venid, volvamos al Señor" (Os 6,1a).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado.
Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser [...].  El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la "ausencia de pasiones", un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor (K. Ware, Diré Dio oggi. Il camino del cristiano, Magnano 1998,182-185 passim).

sábado, 31 de enero de 2015

Mi Cuaresma 2015

Ayer tuve la dicha de Leer el mensaje de la cuaresma y se resumen en tres textos bíblicos
El primero la carta de Pablo a la comunidad de Corinto “si un miembro sufre todos sufren” es decir la cuaresma debe ser siempre una oportunidad si en fijarnos en nuestras debilidades pero también ser capaz de identificar al hermano y hacerlo prójimo.
El Segundo, el texto del antiguo testamento y la pregunta contundente de Dios “Donde está tu Hermano” si podemos decir yo también la paso mal yo también necesito pero y Dio te pregunta donde esta búscalo encuéntralo y ayúdalo a salir y si tú también necesitas pues ayúdense encuéntrense y sean hermanos.
Y el tercero, fortalezcan sus corazones de la carta de Santiago 5,8 la llamada a Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios.

“Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia” Conclusión del mensaje del Papa Francisco

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