lunes, 17 de diciembre de 2012

XLVI JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1 DE ENERO DE 2013


MENSAJE DE SU SANTIDADBENEDICTO XVI
PARA LA CELEBRACIÓN DE LA 
XLVI JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
1 DE ENERO DE 2013

BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ

1. Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. En esta perspectiva, pido a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos.
Trascurridos 50 años del Concilio Vaticano II, que ha contribuido a fortalecer la misión de la Iglesia en el mundo, es alentador constatar que los cristianos, como Pueblo de Dios en comunión con él y caminando con los hombres, se comprometen en la historia compartiendo las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias[1], anunciando la salvación de Cristo y promoviendo la paz para todos.
En efecto, este tiempo nuestro, caracterizado por la globalización, con sus aspectos positivos y negativos, así como por sangrientos conflictos aún en curso, y por amenazas de guerra, reclama un compromiso renovado y concertado en la búsqueda del bien común, del desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre.
Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres.
Y, sin embargo, las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios.
Todo esto me ha llevado a inspirarme para este mensaje en las palabras de Jesucristo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).
La bienaventuranza evangélica

jueves, 13 de diciembre de 2012

ADVIENTO ENTRE LA LITURGIA CATÓLICA Y LA PIEDAD POPULAR


I.     Adviento en el Magisterio de la Iglesia
Citemos apenas algunos textos claves para nuestra reflexión.
A)    Las “Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano Genera”.
Publicadas por el Papa Pablo VI el 14 de Febrero de 1969  con la Carta apostólica Mysterii Paschalis. En adelante citaremos este documento como  NUAL. En él queda claramente manifestada la doble finalidad  de este tiempo litúrgico. En efecto, para el NUAL el Adviento es[1]:
1. “…tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres.” De ahí que los días del 17 al 24 de diciembre, inclusive tienen la finalidad de prepararnos más directamente a celebrar los acontecimientos que                           preparan la Navidad. Por eso se toman estos días como una segunda sección o etapa del                         Adviento.
2. “…y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.” Son los días comprendidos entre el primer                    domingo de Adviento y el día 16 de diciembre. En esta primera sección o etapa del Adviento                somos convocados a fortalecer nuestra fe en este Dios cuya gracia y amor ya actúa en este                     mundo, que sin embargo no será plenamente reino de Dios sino hasta el retorno de nuestro                     redentor.        
Por esta doble finalidad, el NUAL llama al Adviento el “tiempo de una expectación piadosa y alegre”.

B)    El “Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia. Principios y orientaciones.”
Esta es una publicación de la “Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos”, del 01 de Diciembre del 2001.  En él se caracteriza al Adviento como un tiempo de[2]:
-- Espera, en clave de memoria: de la primera venida del Salvador en nuestra carne mortal. Y memoria             como como súplica de un pueblo que ora por su segunda y última venida, ahora gloriosa, como             Señor y Juez de la historia.
-- Conversión: a la que nos invita permanentemente la Palabra de Dios en este tiempo, a través de los               profetas, en especial Juan Bautista: “Convertíos, porque está cerca el reino de Dios” (Mt. 3,2).
-- Esperanza gozosa: porque esperamos una salvación que ya esta realizada en y por Cristo (Rom. 8,                24-25). Así, la gracia de Dios que ya actúa en este mundo llegará a su madurez y plenitud                      cuando las promesas se conviertan en posesión “…porque lo veremos tal cual es” (1 jn. 3,2).

II.   El valor de la piedad popular para nuestra fe católica.

lunes, 10 de diciembre de 2012

EL ÁRBOL DE NAVIDAD SU ORIGEN Y SENTIDO CRISTIANO




“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).

EL ÁRBOL DE LA VIDA, EL AMOR Y LA PAZ
Árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro
Muchas de las leyendas y antiguas tradiciones que hacen referencia al árbol de Navidad se remontan a tiempos muy antiguos, pero la documentación histórica acerca del árbol tal y como lo conocemos y decoramos hoy en día, sólo apareció en los últimos siglos.
No hay duda, sin embargo, que estas leyendas y tradiciones muestran la convergencia de muchas costumbres, algunas de ellas nacidas fuera de la cultura cristiana y otras de origen estrictamente cristiano.
Vamos a considerar aquí algunas que podrían ser precursoras del árbol de Navidad.
ORIGEN HISTÓRICO
Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.
Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.
En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.
Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, cerca de la fecha de la Navidad cristiana. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos).
Cuando se evangelizó el centro y norte de Europa, los primeros cristianos de esos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.
SAN BONIFACIO, OBISPO DEL SIGLO VIII

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