jueves, 4 de junio de 2015

Laudato Sii




“Laudato sii” (Alabado seas) podría ser el título de la próxima encíclica del papa Francisco dedicada a la protección de la creación, que se publicaría a mediados del mes de junio el papa ha dicho “Para mí [Francisco de Asís] es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre”


Alabanza: A veces puede surgimos la duda de que es poco realista alabar a Dios mientras la gente sufre, es pobre, no tiene trabajo; mientras en el mundo haya violencias y guerras. Tenemos miedo de que, en cierto sentido, esta alabanza a Dios sea como ponernos una venda en los ojos. Sin embargo, creo que tenemos que tener más valor. Si empezamos a mirar el mundo con los ojos de Dios, y por tanto a alabarlo por el bien que hace, tendremos más capacidad para distinguir el bien del mal y penetrar en los sufrimientos de la humanidad. El sentido de la alabanza a Dios es el primer realismo: es la contemplación del mundo como lugar de bondad, misericordia, amor de Dios, amor de Cristo por el hombre, el pobre, el enfermo, el que sufre, por mí, por nosotros, por esta Iglesia. Por tanto, tenemos que aprender a buscar en nuestra propia experiencia personal los motivos reales de la alabanza a Dios. ¡Y la verdad es que son muchísimos! A veces resulta que los dones del Señor nos parecen obvios y no nos sorprendemos de ellos: el hecho, por ejemplo, de estar aquí juntos, de no haber perdido la fe, de haber perseverado en la vocación, son todos unos dones inmensos. En nuestra jornada y en nuestra vida deberíamos acostumbrarnos a buscar las distintas circunstancias, de manera que todo se pueda transformar en motivo de alabanza. María, en el magníficat, canta una alabanza Inmensa que abarca el universo. Podríamos decir: pero, en el fondo, ¿qué ha visto María? Durante unos minutos ha contemplado un ángel que ni siquiera sabemos bien cómo se le ha aparecido. Ha oído una palabra amable de Isabel, y ya está. Son dos pequeños acontecimientos en los que ha leído, pasando por el conocimiento de Dios, un proyecto universal. Esto significa que para alabar a Dios no hace falta mucho: basta con saber interpretar un acontecimiento en el que Dios se manifiesta, para que desde él podamos remontarnos al Omnipotente, al Dios cuyo nombre «es Santo», y su misericordia «llega a sus fieles de generación en generación». Desde el punto de vista psicológico, es suficiente concentrarse en una pequeña circunstancia para deducir todas las demás.









Wilson Velásquez
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