20º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Mt 15, 21-28 • Mujer, qué grande es tu fe. En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija. Palabra del Señor Comentario al Evangelio San Juan Crisóstomo, Padre y Doctor de la Iglesia (...
Una reflexión desde la celebración de tres nuevos diáconos permanentes Hay celebraciones que se contemplan y otras que, de alguna manera, se viven desde dentro. La ordenación de tres nuevos diáconos permanentes de la Arquidiócesis de Tegucigalpa fue una de esas celebraciones que no solo se observan, sino que se experimentan en lo profundo de la fe. Estar presente en este momento permitió contemplar algo que trasciende la solemnidad propia de una celebración litúrgica: la Iglesia reunida para recibir a tres hombres llamados a asumir sacramentalmente una misión que tiene en el servicio su centro y en Cristo Siervo su modelo. No se trató únicamente de un rito, sino de un acontecimiento eclesial en el que se hace visible la acción de Dios que llama, consagra y envía. La imposición de las manos, la oración de ordenación, la entrega del Evangelio y la vestición con la estola diaconal no son simplemente signos externos. Cada uno expresa una realidad más profunda: quienes reciben el diaconado ...