Una reflexión desde la celebración de tres nuevos diáconos permanentes Hay celebraciones que se contemplan y otras que, de alguna manera, se viven desde dentro. La ordenación de tres nuevos diáconos permanentes de la Arquidiócesis de Tegucigalpa fue una de esas celebraciones que no solo se observan, sino que se experimentan en lo profundo de la fe. Estar presente en este momento permitió contemplar algo que trasciende la solemnidad propia de una celebración litúrgica: la Iglesia reunida para recibir a tres hombres llamados a asumir sacramentalmente una misión que tiene en el servicio su centro y en Cristo Siervo su modelo. No se trató únicamente de un rito, sino de un acontecimiento eclesial en el que se hace visible la acción de Dios que llama, consagra y envía. La imposición de las manos, la oración de ordenación, la entrega del Evangelio y la vestición con la estola diaconal no son simplemente signos externos. Cada uno expresa una realidad más profunda: quienes reciben el diaconado ...