Tema: “La Palabra escuchada se convierte en vida: Francisco de Asís, discípulo del Evangelio”
La lectio divina es un camino espiritual de encuentro con Dios a través de la Sagrada Escritura.
Tradicionalmente se desarrolla en cuatro pasos: Lectio (leer), Meditatio (meditar), Oratio (orar) y Contemplatio (contemplar), a los que se añade una consecuencia práctica: Actio (actuar). En Francisco de Asís encontramos un ejemplo excepcional de esta dinámica, porque él no solamente leyó el Evangelio, sino que permitió que la Palabra transformara completamente su existencia.
1. Lectio: ¿Qué dice el texto?
Texto bíblico: Mateo 10, 7-10
“Por el camino proclamen que el Reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron, denlo gratis. No lleven oro ni plata ni monedas en el bolsillo…”.
Según la Vita Prima de Tomás de Celano, Francisco escucha este Evangelio durante una celebración litúrgica y, al comprender su mensaje, pronuncia:
“Esto es lo que quiero, esto es lo que busco, esto es lo que anhelo realizar con todo el corazón” (1 Cel 22).
La lectura del Evangelio no fue para Francisco una reflexión intelectual distante, sino una llamada personal de Cristo.
La Palabra escuchada le revela una forma concreta de seguir a Jesús: vivir en pobreza, sencillez, fraternidad y entrega total.
2. Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través de esta Palabra?
Francisco comprende que el Evangelio tiene una fuerza transformadora. Para él, la Escritura no es solamente un libro sagrado que se estudia, sino la voz viva de Cristo que llama a una respuesta.
Aquí aparece su famosa expresión:
Evangelio sine glossa
(El Evangelio sin añadidos que disminuyan su exigencia).
Esto no significa rechazar la interpretación de la Iglesia, sino aceptar el Evangelio con radicalidad, evitando acomodarlo a los propios intereses.
En la vida de Francisco esta interpretación tuvo tres características:
a) Literalidad existencial: escuchar y obedecer
Francisco no preguntó:
“¿Cómo puedo adaptar este texto a mi vida?”
Sino:
“¿Cómo puedo transformar mi vida según este texto?”
Cuando escucha el mandato de Cristo sobre la pobreza apostólica, abandona sus riquezas y comienza una vida sencilla.
El Evangelio se convierte en una regla de vida.
San Buenaventura afirma:
“No era tanto oyente de la palabra cuanto ejecutor fiel de ella” (Legenda Maior XI,1).
Francisco demuestra que la verdadera comprensión de la Biblia ocurre cuando la Palabra se encarna en acciones.
b) Cristocentrismo: seguir al Cristo pobre y crucificado
Francisco no busca simplemente cumplir normas religiosas; busca identificarse con Jesús.
Su vida entera se orienta hacia Cristo:
Cristo pobre → vive sin posesiones.
Cristo humilde → sirve a los pequeños.
Cristo misericordioso → abraza a los leprosos.
Cristo crucificado → recibe los estigmas en 1224.
La experiencia de los estigmas muestra que la contemplación del Evangelio llevó a Francisco a una configuración profunda con Cristo.
Como narran las fuentes franciscanas, en el monte Alvernia Francisco contempla al Crucificado y recibe en su cuerpo las señales de la Pasión.
c) Eclesialidad: vivir el Evangelio dentro de la Iglesia
Francisco no crea una espiritualidad separada de la Iglesia.
Aunque buscó una vida radicalmente evangélica, quiso permanecer unido al Papa y a la comunidad cristiana.
Cuando recibe la aprobación de su forma de vida, reconoce que el Evangelio debe vivirse en comunión eclesial.
Su reforma no nace de la ruptura, sino de la renovación desde dentro.
3. Oratio: ¿Qué le respondo a Dios?
La experiencia de Francisco nos lleva a una oración de entrega:
Señor Jesús,
como Francisco de Asís, enséñame a escuchar tu Evangelio con un corazón abierto.
Que tu Palabra no sea solamente conocimiento, sino transformación.
Dame la valentía para dejar aquello que me aleja de ti,
la humildad para servir a mis hermanos
y la capacidad de reconocer tu presencia en los pobres, en la creación y en quienes necesitan amor.
Haz que pueda vivir el Evangelio no solamente con palabras, sino con mi propia vida.
Amén.
4. Contemplatio: Permanecer ante Cristo
Francisco descubre que el Evangelio no es únicamente un mensaje que se anuncia, sino una persona que se contempla: Jesucristo.
Su vida fue una continua contemplación del Señor:
En la oración ante el crucifijo de San Damián escucha la llamada:
“Francisco, repara mi Iglesia”.
En la creación descubre la huella del Creador y proclama el Cántico de las Criaturas:
“Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas”.
En los hermanos pobres reconoce el rostro de Cristo.
Francisco contempla a Cristo hasta llegar a configurarse con Él.
5. Actio: ¿Cómo vivir hoy el Evangelio como Francisco?
El ejemplo de Francisco nos invita a preguntarnos:
¿Escucho realmente la Palabra de Dios o solamente la conozco?
Francisco nos enseña que:
La Palabra debe provocar decisiones.
La fe debe convertirse en acciones.
El Evangelio debe transformar nuestra relación con Dios, con los hermanos y con la creación.
Aplicaciones concretas:
1. Vivir con mayor sencilleza Reducir aquello que nos esclaviza y aprender a valorar lo esencial.
2. Servir al hermano Reconocer a Cristo especialmente en los necesitados.
3. Cuidar la creación Como Francisco, contemplar la naturaleza como don de Dios.
4. Practicar la fraternidad Construir relaciones basadas en humildad, perdón y misericordia.
Francisco de Asís como modelo de la Lectio Divina
La vida de Francisco puede verse como una lectio divina hecha persona:
Paso de la Lectio Divina
Francisco de Asís
Lectio: escuchar la Palabra
Escucha Mt 10 durante la celebración y descubre su vocación
Meditatio: comprender el sentido
Entiende que Cristo lo llama a una vida pobre y apostólica
Oratio: responder a Dios
Entrega su vida completamente al Señor
Contemplatio: permanecer en Cristo
Vive unido al Crucificado y recibe los estigmas
Actio: transformar la realidad
Funda una fraternidad que anuncia el Evangelio con la vida
Francisco de Asís muestra que la verdadera lectura del Evangelio ocurre cuando la Palabra deja de estar solamente escrita en un libro y comienza a estar escrita en la existencia humana.
Su propuesta del Evangelio sine glossa sigue siendo una llamada actual: leer menos el Evangelio como una idea y vivirlo más como una forma de vida.
Francisco no fue solamente un hombre que habló del Evangelio; fue un hombre convertido en Evangelio vivo, porque permitió que Cristo transformara sus pensamientos, sus acciones y hasta su propio cuerpo.
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